Un amor de 800 años entre españoles

15/02/2017 01:05 |0

Teruel actualiza la leyenda de los Amantes y se postula como capitalde los enamorados en el aniversario de la muerte de Isabel y Diego

Coincidieron mucho menos de lo que le hubiese gustado cuando estaban con vida, pero desde que murieron no se han separado ni un solo día. Los supuestos cadáveres de Isabel y Diego, los Amantes de Teruel, llevan juntos nada menos que 800 años si la cronología de la historia que ha llegado a nuestros días es exacta. La leyenda cuenta que los dos jóvenes turolenses se enamoraron apasionadamente pero que el padre de Isabel se opuso a la relación porque Diego carecía de patrimonio. El joven marchó a la guerra y prometió a su amada que en cinco años estaría de regreso con la fortuna necesaria para casarse con ella. Cumplió su palabra, pero a su vuelta descubrió que Isabel se acababa de desposar con otro hombre por la presión de su padre. Diego imploró a su amor un último beso que ella le negó por su condición de recién casada. Desesperado, cayó fulminado a sus pies. Cuando ella comprobó que había muerto, quiso darle el beso que le había negado y nada más separar sus labios de los de él falleció y se desvaneció sobre su cadáver. Ambos fueron enterrados juntos en una capilla de la iglesia de San Pedro de Teruel.

La historia de los Amantes de Teruel tiene mucho en común con ‘Romeo y Julieta’, alguno de los cuentos del ‘Decamerón’ y decenas de relatos inspirados en la tradición medieval del Amor Cortés. Cualquier aspirante a guionista sabe que combinar amor y muerte es una fórmula infalible para atrapar el interés de la audiencia, sobre todo cuando los protagonistas son jóvenes. Lo que distingue al relato de los enamorados turolenses de otras ficciones es que estaría avalado por documentos susceptibles de acreditar la veracidad de lo ocurrido. Cuando sus cuerpos momificados salieron por primera vez a la luz en 1555, durante unas reformas en la iglesia de San Pedro, a su lado apareció un pequeño papel que decía: «Este es Diego Juan Martínez de Marcilla, que murió de enamorado».

Aniversario

Ocho siglos

Un documento hallado en 1619 por el escritor Juan Yagüe de Salas en el archivo municipal acreditaría que Isabel y Diego, los Amantes de Teruel, murieron en 1217.

130.000 visitantes pasan todos los años por el mausoleo en el que reposan los restos de la pareja. Teruel, que ha apostado por convertirse en capital del amor, vive su mayor efervescencia en fechas próximas al día de San Valentín.

5 millones de turistas visitan anualmente Verona atraídos por la historia de amor de Romeo y Julieta que salió de la pluma de Shakespeare. Teruel ha estrechado lazos con la ciudad italiana para aprender de la experiencia.

Los cadáveres quedaron expuestos en el templo mientras la historia de los Amantes empezaba a correr de boca en boca por todo Aragón. El obispo de Teruel ordenó en 1578 sepultarlos, pero en 1619 el notario y escritor Juan Yagüe de Salas, que había dejado testimonio del relato en su obra en verso ‘Epopeya trágica de los Amantes de Teruel’, descubrió en el archivo municipal un documento con referencias a la tragedia y medió para que los cuerpos fuesen desenterrados. El documento, del que hizo una copia notarial, estaba fechado en el siglo XIII, la época en la que transcurrieron los hechos. Según la transcripción que de aquel papel hizo Yagüe, Isabel y Diego fallecieron en el año 1217.

Reliquias de su leyenda

La fama de los Amantes iba en aumento y hay constancia de que ya en el siglo XVII comenzaron a llegar viajeros a Teruel a visitar sus restos. Convertidos en reliquias de su propia leyenda, los supuestos cadáveres de Isabel y Diego fueron pasando de un recinto a otro sin salir de la ciudad ante la creciente curiosidad de los visitantes. Las momias fueron fotografiadas por primera vez en 1865. La imagen, tomada por José Martínez Sánchez, muestra dos cuerpos momificados con los brazos cruzados que se exhiben cubiertos de cintura para abajo por una leve gasa.

En el siglo XIX la popularidad de los Amantes había traspasado fronteras debido a una eclosión de obras de teatro que dramatizaban su historia. El hispanista Archer M. Huntington dejaría constancia en su libro ‘Cuaderno del norte de España’ (1898) de la impresión que le causó la visión de los dos cuerpos: «Es imposible concebir algo más grotesco o divertidamente horrible». A principios del siglo XX fueron introducidos en dos féretros con las tapas abiertas y devueltos a la capilla de la iglesia en la que habían estado enterrados. El franquismo metabolizó la leyenda y la incorporó a su imaginario simbólico. El escultor Juan de Ávalos, autor del Valle de los Caídos, creó en 1955 un mausoleo de alabastro que reproduce las figuras de los Amantes y en el que reposan desde entonces sus restos.

«A los turolenses nos importa poco saber si la historia es o no real, nos basta con transmitirla de padres a hijos como parte importante que es de nuestro patrimonio cultural», aclara Rosa López Juderías, directora de la Fundación Amantes de Teruel. El debate sobre la autenticidad de los restos mortales, sin embargo, forma parte de la leyenda. La prueba más evidente es que cuando en 2005 se acometieron unos trabajos de restauración del mausoleo se extrajeron unos restos de las momias para su examen científico. La prueba del carbono 14 reveló que los cadáveres correspondían a principios del siglo XIV; es decir, unas décadas por encima de la data hallada en el documento que reprodujo Juan Yagüe. Lejos de apagar la controversia, el análisis avivó el debate entre los que sostienen que los restos pertenecen a Isabel y Diego y los que creen que se trata de dos personas de la misma familia–probablemente una madre y su hijo– sin relación alguna con la leyenda.

Teruel se ha volcado en sus Amantes con motivo de su 800 aniversario. La más pequeña de las capitales de provincia españolas –35.000 habitantes– ha propiciado una actualización de la que es una de sus señas de identidad con una batería de actividades culturales que se extenderán a lo largo de los próximos meses. Mención especial merece el estreno de la ópera compuesta por el turolense Javier Navarrete, nominado al Oscar por la música de ‘El Laberinto del Fauno’ y titular de un premio Emy por otra de sus bandas sonoras.

La rehabilitación de la iglesia de San Pedro, Patrimonio de la Humanidad y una de las joyas del tesoro mudéjar que adorna la ciudad, ha contribuido a hacer más atractiva aún la visita al Mausoleo de los Amantes, que vive jornadas de efervescencia en las semanas que rodean al Día de los Enamorados. La representación de las Bodas de Isabel también ha reavivado el interés por la figura de Isabel y Diego. Se trata de una escenificación del drama que se realiza en las calles de la ciudad y en la que participan miles de vecinos de forma desinteresada. La de este año es ya la 20 edición y tendrá lugar entre los próximos días 16 y 19.

Teruel luce con orgullo su condición de capital del amor con la celebración de congresos y el estrechamiento de lazos con ciudades como Verona, que ha sabido hacer de la tragedia shakespiriana de Romeo y Julieta el foco de una fértil industria turística. Teruel no solo existe, sino que atrae cada vez a más peregrinos en busca del secreto del amor, especialmente en las fechas próximas al día de San Valentín. De momento son 130.000, pero las expectativas  no pueden ser mejores. Verona suma todos los años cinco millones de turistas, y eso que no puede presumir de tener los restos de Romeo y Julieta.

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