El soltero insaciable vuelve a la carga

11/02/2017 00:36 |0

Lapo Elkann quiere sentar la cabeza, enderezar su firma de moda y olvidar los escándalos personales. Lo ha prometido tantas veces que pocos le creen ya

En una de sus últimas apariciones públicas, Lapo Elkann lució la peor imagen que se recuerda de él en mucho tiempo. El heredero de la dinastía de los Agnelli asistió solo al funeral de la editora de la publicación italiana de 'Vogue' e íntima amiga, Franca Sozzani. Mostró un aspecto muy desmejorado y una llamativa tirita en la frente. Escuchó la homilía con la mirada perdida y sin nadie a su lado en la coqueta iglesia de San Jorge de Portofino. Nada que ver con el impresionante estilo -ha creado tendencia con sus trajes de colores flúor y sus originales gafas de sol, que no se las quita casi nunca- de este empresario acostumbrado a todo tipo de lujos y privilegios al que la vida no para de conceder segundas oportunidades.

Lapo es un crápula empeñado en malgastar el impresionante crédito -financiero y social- de su acaudalada familia. Si hace doce años estuvo a punto de morir tras pasar cuatro días en coma después de disfrutar de varias noches de sexo junto a una prostituta transexual e ingresar en un hospital con una sobredosis de cocaína, heroína, opio y fármacos, el más polémico de los nietos del difunto patrón de la casa Fiat volvió a protagonizar a finales del año pasado un sonoro escándalo. Fue detenido en Nueva York tras fingir su 'secuestro exprés' y pedir un rescate de casi 10.000 euros a su familia.

Volvió a caer en los mismos errores (y excesos) de siempre. Aprovechó la celebración del día de Acción de Gracias para entregarse a una nueva e interminable orgía sexual en compañía de otra prostituta transgénero, litros de alcohol y muchas drogas. La Policía se olió el asunto desde un principio. Necesitó muy pocos minutos para confirmar que la llamada de socorro de Elkann era falsa. No le fue mal del todo. Podía haberse pasado una buena temporada en la cárcel, pero el fiscal Cyrus Vance archivó la causa. Lapo, de 39 años, respiró «aliviado y feliz». Aseguró que el fallo «alentaba y fortalecía» su confianza en la justicia estadounidense. Se planteó un nuevo propósito de enmienda (el enésimo) y prometió emprender una vida (más sana). Otra vez. De momento, se ha despedido de las redes sociales. A sus cientos de miles de seguidores de Instagram les ha dicho esta semana que, a partir de ahora, piensa «vivir en la vida real y no en la virtual». Insiste en que comienza una nueva fase para él, «personal y profesional», pero cuesta creerle. Se le ha oído tantas veces lo mismo que pocos le dan crédito.

Mal en los negocios

Por si las desgracias no vinieran solas, el negocio de moda que emprendió en solitario en 2007-la firma Italia Independent está presente en más de 70 países- atraviesa graves dificultades. Su hermano, el discreto y serio John Elkann, ha tenido que salir en su auxilio para evitar su declive. «Quien no hace no se equivoca y la realidad es que yo he cometido errores y he pagado por ellos. Son los que me han permitido encontrarme donde estoy ahora. He vivido momentos oscuros y, aunque parecía que había llegado a la cumbre, por dentro estaba vacío. Ya no tengo miedo de hablar de mis debilidades. Acepto quién soy sin fingir ser otra persona», confesó a la revista 'Elle'.

Tal vez la pregunta habría que plantearla de otra manera. Realmente, a estas alturas de su vida, Lapo no sabe quién es y, lo más preocupante, ignora hacia dónde se dirige, aunque sostenga lo contrario. «Nadie nace perfecto. Hay que dar la oportunidad de volver a empezar a quien se equivoca. Ayudar es ayudarte a ti mismo. Y no lo digo como buen samaritano. Me refiero a que, si no me hubieran ayudado a salir de ciertas dificultades, no estaría aquí. Les debo mi vida a muchas personas», admite.

Y es verdad. Lapo ha jugado tantas veces con fuego que parece tener más vidas que un gato. Dice que está acostumbrado desde pequeño a sortear complicaciones. «No tuve una infancia fácil. Mis padres se divorciaron, era disléxico y sufría déficit de atención. También viajaba mucho, una suerte y una desgracia. No hacía amigos estables, no sabía quién era yo, ni cuáles mis raíces», defiende. A Lapo no le ha quedado otra que reinventarse a cada momento y reconstruir su vida «desde cero». De ahí las ganas actuales de «hacer y emerger».

El heredero no tiene ninguna duda de que saldrá adelante: «Nunca he elegido la facilidad de la autopista», matiza. Ha sido más de conducir por «carreteras de montaña, donde hay que esforzarse y demostrar». Tiene muy en mente la figura de su abuela paterna, una mujer que fue prisionera en un campo de concentración y le enseñó a «disfrutar de cada segundo de la vida, porque nunca sabes cuántos más te quedan. Me seduce la aventura. No se trata de cómo caes, sino de cómo te levantas», esgrime.

Querer más y más

Lapo tiene pendiente otro asunto: sentar de una vez por todas la cabeza. Lo conseguirá cuando encuentre a la mujer «apropiada», que no es una tarea «fácil». «No quiero forzar las cosas y tener hijos porque sí», alienta. Su currículo sentimental daría para una novela, pero sus conquistas parecen amores de verano, de lo fugaces que resultan. Lamenta que con ninguna de las mujeres con las que ha salido «he sentido ganas de fundar una familia, Ahora mismo soy soltero y en muchas ocasiones me siento solo. En el terreno laboral me considero alguien insaciable, que siempre quiere más y más, y necesito una mujer que consiga quitarme ese ímpetu de la cabeza. Llegará. Lo hará. Lo sé», confía este empresario, que vive una permanente 'dolce vita'.

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