Fotografía facilitada por el hospital Ruber Internacional, de la operación de hernia gigante de estómago realizada por el doctor Carlos Ballesta.

Una laparoscopia logra que una jienense con hernia gigante retome su vida normal

MADRID 14/01/2017 01:12 |0

La operación, que duró dos horas, fue «un éxito» y permitirá que la paciente respire mucho mejor, no le duela el pecho y coma bien «casi de inmediato»

Una operación a través de laparoscopia logró ayer que una mujer que padecía una hernia de hiato gigante, y que le comprimía el corazón y los pulmones, pueda retomar su vida normal tras dos horas en el quirófano. Conocido como 'el padre de la laparoscopia', ya que ha desarrollado a nivel mundial la cirugía digestiva mediante esta técnica, el doctor Carlos Ballesta fue el encargado de intervenir a María Vega, una jienense de 71 años que apenas podía respirar, comer y andar.

Ballesta realizó la operación en el Hospital Ruber Internacional de Madrid con el objetivo de evitar que María solo llevara una vida «de la cama al sillón y del sillón a la cama», según afirmó la mujer a Efe poco antes de ser intervenida.

Por su lado, el doctor explicó que comenzó a aprender este tipo de cirugía, mucho menos invasiva que la operación en abierto, a partir de 1987, cuando «sólo la practicaban cuatro a nivel mundial». Hoy en día se realiza en casi todos los hospitales y los avances han permitido que ésta pueda llegar a paliar la diabetes tipo 2. «La cirugía laparoscópica es un arte como la pintura o los toros; hay muy pocos expertos y se ha enseñado siempre de maestro a discípulo», comentó el doctor en medio de la operación, en la que participaron cerca de una decena de profesionales.

Se realiza en casi todos los hospitales y los avances han permitido que pueda llegar a paliar la diabetes tipo 2

La hernia gigante de hiato es una enfermedad poco frecuente: la paciente tiene un gran agujero en el diafragma de unos 15 centímetros de diámetro, por el que el estómago se introduce en el tórax y comprime tanto el corazón como parte de un pulmón, lo que dificulta la respiración y le provoca arritmias.

Poco antes de la intervención, María se mostró un poco asustada, aunque «con la fuerza» que le dan las fotos de sus dos nietos en la mesilla de la habitación. Después de casi un año con este problema, la jienense no podía respirar bien, le daban vértigos y se ahogaba rápidamente al andar.

Tampoco toleraba ciertos alimentos, como la leche, que le provocaba una «enorme acidez», y cualquier pequeño bocado hacía que se llenara como si hubiera comido mucho. En definitiva, le «invalidaba» la vida, destacó Ballesta. «El oxígeno no le llegaba a la sangre y la ingresaron. El cirujano puso pegas y el anestesista del hospital de Jaén nos dijo que las probabilidades que tenía tras una operación eran escasas: una de cinco, es decir, que íbamos al matadero», manifestó Juan, su marido.

El doctor Carlos Ballesta -dcha.-, junto a María Vega y el marido de esta , tras la intervención.

EFE

Para el doctor Ballesta, los otros médicos fueron «un poco exagerados» y, aunque no niega que ésta es una intervención «complicada y laboriosa» que requiere mucha experiencia, aseguró que no tiene esa tasa tan baja de éxito y para él se trata de «un reto muy bonito».

Ya en quirófano, el doctor realizó cinco incisiones en el abdomen de la mujer, por las que introdujeron los distintos instrumentos quirúrgicos y el laparoscopio, un fino tubo que emite imágenes del cuerpo de la paciente para permitir que el doctor vea los órganos internos en una pantalla grande.

El momento más delicado de la operación se produjo al principio, cuando el cirujano empujaba el estómago a su sitio y liberaba los órganos, para lo que hay que conocer muy bien la anatomía y no perforar órganos vitales, como la vena aorta del corazón o la pleura de los pulmones.

Posteriormente, el experto cosió el «gran agujero» ocasionado por la hernia con varios puntos, al tiempo que sujetaba el estómago en su sitio. Dos horas después de entrar en quirófano, un poco más de lo previsto porque «había más vísceras de lo que se pensaba», el doctor Ballesta dio por finalizada la intervención y avisó a los familiares de que fue «un éxito».

«Los síntomas son casi inmediatos, ésta es una operación muy agradecida. En cuanto despierte, respirará mucho mejor, no le dolerá el pecho y comerá bien», concluyó Ballesta.

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