En memoria de Domingo

11/02/2017 15:47 |0

Hace veinte años un coche bomba de ETA mató a un peluquero padre de tres hijos y sembró el terror en Granada

El recuerdo del horror es el mejor antídoto para que nunca vuelva a ocurrir. Es el consuelo al que se agarran las víctimas del terrorismo y sus familiares cuando, con las heridas abiertas, reviven los días en los que su vida cambió para siempre.

El 10 de febrero de 1997 fue para Granada uno de estos días en los que el amanecer se tiñe del color de la sangre. Domingo Puente Marín, un empleado civil del Ejército que trabajaba como peluquero de la base aérea de Armilla, murió asesinado al explotar un coche-bomba con cuarenta kilos de amosal aparcado junto a la urbanizaciónJardín de la Reina. La explosión se produjo a las 7 y cuarto de la mañana e hizo saltar por los aires al microbús que habitualmente trasladaba al personal desde la ciudad a la Base. En la acción terrorista resultaron heridas de consideración otras diecisiete personas y 125 tuvieron que ser evacuadas por los destrozos causados por el atentado.

Tras la detonación, el panorama era desolador. Aún no había amanecido y, en la oscuridad, un testigo vio a Domingo salir a pie de la furgoneta, «la poca vida que le quedaba se le fue en dos pasos. Salió de entre los hierros, caminó un poco, se apoyó en los restos de la furgoneta y se desplomó» comentó a este periódico uno de los vecinos. Los esfuerzos por reanimarle fueron vanos. «Lo curioso es que nunca se sentaba en el lugar donde iba el día del atentado –recuerda su hermano Antonio–, normalmente solía ir en los primeros asientos del microbús pero era lunes, y decidió ponerse detrás para comentar con los compañeros el partido del fin de semana».

Domingo tenía 53 años, estaba casado y tenía tres hijos, Pablo, Javier y Laura. Vivían en Granada pero cada fin de semana la familia subía a Güéjar, su pueblo. El padre de Domingo tenía una peluquería, donde el chico aprendió el oficio y cada sábado, seguía pelando a sus amigos en el salón de la casa de su madre. Todos coincidían en que era un buen hombre y una bellísima persona. «Mi hermano era un civil. Nunca pensamos que estuviera en riesgo o que pudiera ser un objetivo de ETA. A él no le interesaba la política. Solo se preocupaba por su familia, su trabajo y por el Barça, y cada vez que perdía se llevaba un mal rato».

Antonio Puente, hermano de Domingo, junto a la placa que recuerda a su hermano en Güéjar Sierra. Debajo, una foto de Domingo.

Carolina Mayas

Antonio no puede evitar las lágrimas al rememorar el día del atentado: «yo vivía en Málaga, trabajaba en Telefónica. Solía levantarme muy temprano y escuchar la radio en el baño mientras me duchaba y afeitaba antes de ir al trabajo. Pero aquel día mi mujer había cogido el transistor y no escuché las noticias. Cuando llegué al trabajo alguien me dijo que había habido un atentado en Granada y que había muerto un peluquero. Llamé al gobierno civil y nadie me sabía decir nada. Llamé al gobierno militar y tampoco y entonces llamé a la base aérea de Armilla y pedí que me pusieran con la peluquería. Cuando oí la voz de su compañero, supe que mi hermano había muerto».

La indignación y el dolor entre la población fue creciendo a lo largo de la jornada. El Ayuntamiento de Granada decretó tres días de luto oficial al igual que el de Güéjar Sierra; en la plaza del Carmen, dos mil de granadinos guardaron cinco minutos de silencio en memoria de Domingo y más de cuatro mil personas condenaron la violencia terrorista en una manifestación. Pero en Base Aérea de Armilla, donde se instaló la capilla ardiente, la tristeza fue especialmente intensa.

Comando Andalucía

ETA llevaba días en Granada preparando el atentado. El convoy militar en el que viajaba Domingo estaba camuflado, no disponía de ningún indicativo que delatara su adscripción al Ejército y llevaba escolta policial. Solía variar el recorrido pero siempre pasaba por la Carretera de Armilla para llegar a su destino lo que indica que los terroristas realizaron una laboriosa tarea de seguimiento antes de cometer el atentado.

En febrero de 2001 la Audiencia nacional consideró probado que el etarra José Luis Barrios, miembro del Comando Andalucía, robó el Ford Fiesta, instaló junto a dos compañeros la carga explosiva y la activó al paso de la furgoneta. Fue condenado a 232 años de cárcel que cumple en Albolote.

«No quise asistir al juicio. No quiero vivir con odio, ni he tenido nunca ánimo de venganza, pero tampoco quiero que se olvide lo que pasó», comenta Antonio y apela a la memoria de su hermano y de las víctimas «para que nunca más vuelva a ocurrir». «Vivimos con alivio el fin de ETA, porque con cada asesinato revivíamos nuestro dolor, y pensábamos en cómo se debía de sentir la familia que acababan de destrozar, en los hijos huérfanos, en las viudas, en las madres que cada día, durante el resto de su vida, llorarían a su hijo muerto, y recordábamos que nadie nos iba a devolver a Domingo».

Homenajes

Su memoria sigue viva en Güéjar Sierra, en la plaza que lleva su nombre, en la Avenida de la Libertad que rinde homenaje a las víctimas del terrorismo, en el acto que en su honor tributa el ayuntamiento y en el certamen literario que este año, en su categoría infantil, ha ganado Almudena Garnica, con su relato ‘Domingo no morirá’.

Fue la segunda vez que la banda terrorista asesinaba en Granada. En el verano de 1989 mató a Conrada Muñoz, la madre de un funcionario de prisiones que falleció al abrir un paquete bomba dirigido a su hijo. Tampoco fue el último atentado terrorista en la ciudad. El 9 de octubre de 2000 ETAasesinó a sangre fría al fiscal jefe del TSJA, Luis Portero.

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